Un Cliente Feliz en una Heladería

En (Un Cliente Feliz en...) por Paola Diaz el 31-08-2007



Un Cliente Feliz en una Heladería.El tiempo por el hemisferio sur no está para helados (dirían los más friolentos), pero a nuestro cliente le importa muy poco: nada más delicioso para él que disfrutar de un exquisito helado en pleno invierno. Un plan perfecto para el viernes, luego de una semana laboral complicada.

Nuestro cliente ingresa a la heladería. De lejos esboza una sonrisa cuando ve que han mejorado el cartel con los sabores… antes las letras eran muy pequeñas, ahora será más sencillo elegir los nuevos sabores a los que está acostumbrado a probar. Como esperaba: hay sabores nuevos, algunos exóticos y hasta con nombres difíciles de adivinar en base a qué están hechos. No importa demasiado porque los empleados no se molestan cuando les consulta sobre este dato.

Parece que el cliente ya se decidió y va directo a la caja. Por suerte, el cajero no sólo le cobra sino que también lo reconoce y lo saluda con familiaridad. Además, le informa que lo llamarán por el número y le indica dónde se encuentra el mismo.

Otras personas han tenido el mismo plan del helado en plena tarde invernal, viendo que hay varias personas esperando. Nuestro cliente se acomoda en una de las impecables mesas del salón dispuesto a esperar sin queja alguna hasta que un empleado más se suma para atender a los clientes. Nuestro cliente sonríe una vez más.

Se detiene en un niño que está por ser atendido. Será que se acordó de su hijo de cuatro años que llega en puntas de pié al mostrador, pero exige pedir los gustos él mismo. Hoy el pequeño cliente sube feliz a una tarima roja que dispusieron para clientes de tal tamaño. Y, claro, pide cara a cara sus sabores favoritos. Ningún empleado se fastidia por atenderlo y mucho menos por darle un vasito contenedor para su helado para evitar posibles accidentes. Igualmente las servilletas abundan, nadie escatima con ponerlas en las mesas y en todo el mostrador al alcance de cualquier cliente, junto con las cucharas.

Finalmente el turno de nuestro cliente. Parecía decidido pero está dispuesto a probar unos sabores “con nombres raros”. El empleado le da una cuchara para que lo pruebe, y frente a un cliente indeciso, su cara no demuestra impaciencia. Le sugiere otro sabor y nuestro cliente acepta la nueva combinación propuesta. Un helado generoso – como le gusta a nuestro cliente – y servido de manos cordiales, que brindan servicio, “no despachan gente”.

Nadie tiene frío esta tarde. Las mesas se han ocupado todas. Las servilletas, las cucharas y los vasos del bebedero se reponen al instante. Se reacomodan las sillas de clientes que parten raudos – quizás – a otra entretenida actividad vespertina.

El movimiento es constante: de gente, de empleados, de excelente servicio. Y en el movimiento, nuestro cliente se sentó, disfrutó de su helado, y de un ambiente cálido y ágil para la atención del público. Lo está pensando… se dirige a la caja y creo que llevará a casa un kilo de helado exótico para compartir en familia.

Foto: chotda.

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